
Mucho ha dado de sí el nombramiento ayer de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso. Su nombre estaba en todas las "quinielas". Pero, aún así, no ha dejado indiferente a nadie. Más de ella se habla que de cualquier otro nombramiento de peso (José Antonio Alonso, o el mismísimo Bono, aunque también éste es mediático "de natural").
No se puede negar la trayectoria de esta mujer, pues, pese a su juventud, no le faltan méritos. Aunque quizá el mayor de estos sea el ser la mano derecha de Rajoy, en el sentido más amplio del concepto. Porque lo que no se entiende es que haya tanta gente que considere a Soraya como la moderación dentro del Partido Popular.
Nadie le niega su inteligencia, capacidad de trabajo y de negociación, pero lo que no se le puede negar tampoco es su dureza y su conservadurismo. No nos engañemos. Es una persona muy cercana a Rajoy, a la que hemos conocido esta legislatura tras la marcha de Rato al FMI. Muchos han querido ver en ella la cara suave frente al esperpento del dúo Acebes-Zaplana, amenizado de vez en cuando por las salidas de tono del señor Aznar. Pero nada más lejos de la realidad. Sáenz de Santamaría, bajo esa apariencia más sosegada, nos ha mostrado su cara más dura en cada una de sus intervenciones, siguiendo la línea más conservadora del PP (donde, por cierto, se han mostrado divididos con su nombramiento en este puesto...).
Puede que en esta legislatura los enfrentamientos verbales no sean tan vergonzosos como en esta que ya ha finalizado. Pero una cosa es que se abandone ese espectáculo que nos ha acompañado la pasada legislatura, escandaloso, y otra cosa es que se vaya a dejar de lado la dureza de posiciones.
Es por esto que no confundamos juventud, o un cambio de cara o apariencia, con lo que no es, una renovación en la línea que vaya a seguir el PP a lo largo de esta legislatura. Quizá sea una renovación por fuera, pero el conservadurismo les sigue invadiendo.
Un saludo.
Bea
2 comentarios:
Sinceramente,creo que la renovación y el bombo a la "nueva etapa PP" se debe solo a que Sáenz de Santamaría es una mujer y, como tal, se le presupone no sólo menos dureza, sino también más tacto y menos brusquedad. Es una pena que estas alturas se venda a una mujer como se la esta vendiendo y que desde ciertas emisoras de radio se la infravalore por el simple hecho de ser mujer. Soraya no es santo de vi devoción, pero espero que luche por reivindicar que no por ser mujer es peor política. Ahora solo tiene que hacerse demócrata. Un beso
La renovación es imposible cuando las caras viejas son las mismas, y aunque en distintas posciones, el poder lo siguen manteniendo.
Pero en fin, como dice la amiga Paquita, si es mujer, es más "progre".
Un saludo.
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